Cuaderno de Kamil · Japón
Japón, 20 kilómetros al día y un sueño cumplido
Japón fue un sueño de toda la vida. Cuando finalmente llegué, caminé hasta 20 kilómetros al día y terminé con ojeras de felicidad.
Japón fue un sueño de toda la vida. Y sí: cuando por fin llegué, hice todas las fotos y todas las selfies que pude.
Caminé hasta veinte kilómetros al día, tomé trenes que no siempre entendía a la primera y acabé cada noche agotado. Pero eran ojeras de felicidad. Uno graba los templos, los barrios y los paisajes, pero también hay que recordar que tú estabas allí viviéndolo.
Kioto
Dos días en Kioto y ya quería quedarme.
Comencé por Kiyomizudera y Kenninji, el templo zen más antiguo de la ciudad. Después me perdí por las calles de Gion, entre faroles, casas de madera y ese encanto que solo Kioto tiene.
Al día siguiente llegaron los mil torii de Fushimi Inari, la estación central —una mezcla increíble de arquitectura moderna y tradición— y el mercado Nishiki, lleno de colores, aromas y tiendas curiosas. Y todavía faltaba caminar entre el bambú de Arashiyama.
Koyasan
Dormir en un monasterio de verdad.
En Koyasan me quedé en Shojoshin-in, en el corazón de la montaña sagrada. Dormí en un futón, tomé un ofuro, probé la comida vegetariana de los monjes y participé en la ceremonia budista de la mañana.
Despertar entre montañas y silencio total fue una de las experiencias más especiales del viaje. No era simplemente visitar un templo: era dormir allí y entender, aunque fuera por una noche, otro ritmo de vida.
Hiroshima y Miyajima
El torii flotante y una visita que te deja pensando.
Tomé el Shinkansen rumbo a Hiroshima y después crucé en ferry hasta Miyajima. Ver el torii de Itsukushima salir del agua fue uno de esos momentos que llevaba años imaginando.
Cerré el día en el Parque de la Paz y el Museo Memorial. Es una visita que conmueve y necesita tiempo. Hiroshima fue historia, belleza y muchas emociones en una sola jornada.
Y todavía no lo supero
Cuatro cosas de Japón que me volaron la cabeza.
- 1. Los baños japoneses. Calientitos, silenciosos y con más tecnología que muchas casas. Entras al baño y sales queriendo mudarte allí. No es broma.
- 2. Las máquinas expendedoras. Están en estaciones, templos, calles y hasta montañas. Japón decidió que si necesitas algo, probablemente debe salir de una máquina.
- 3. Los konbini. Lawson, FamilyMart y 7-Eleven son la salvación: comida buena, snacks, postres y café a cualquier hora. Si sobrevives al jet lag, probablemente es gracias a ellos.
- 4. Las filas. Todo el mundo espera, nadie empuja y nadie se cuela. En Japón las filas son más organizadas que mi vida. Y eso ya es decir mucho.
Próximas salidas · fechas por confirmar
Ahora quiero enseñarte el Japón que todavía no supero.
Doce días, cinco ciudades y un grupo máximo de 14 viajeros. Pídeme las próximas fechas y el programa completo.
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